Archivo de la categoría: Sin categoría

Solsticio de invierno

21 diciembre 2015

“19 días y 500 noches”. Qué razón tenía Sabina cuando pensó ese verso, las noches siempre son peores. Se hacen eternas, el sueño se concilia a duras penas y cuando al fin llega la tregua, le entra prisa al amanecer por devolvernos la lucidez.

La noche es el momento en que todo se para, se estanca. Durante estas horas no se puede avanzar, ni tan siquiera retroceder. Las agujas se congelan en un ritmo cadencioso;  no reciben noticias, no se ponen en marcha mecanismos para acelerar esperas, no se dan rienda suelta a las desdichas, ni a las alegrías, no se es productivo ni se puede vaguear a gusto. No se puede hacer más que mirar el techo y rogar que llegue el sueño o, en su defecto, esperar a que la agonía del insomne pase y el mundo arranque su motor de nuevo.

Es el momento en que vuelven todos los fantasmas, en que las ausencias se desvinculan del pasado para golpear con sus nudillos nuestra frente, el momento en que las distracciones dejan de ser el antídoto perfecto a una pena a la que no podemos ponerle un nombre.

Menudo solsticio de invierno me espera esta noche.

Por fin, Catrina

17 diciembre 2015

Manuel era un escritor atribulado, siempre golpeado por una idea palpitante, siempre arrasado de lágrimas, de gritos que se agolpaban en las comisuras de los labios, de puñetazos sobre la mesa contra la palabra fugitiva, de agudos deseos emanados de su piel. Bebía el alcohol de su propia saliva, se despertaba en la noche ahogado en su propio humo, y la gota le atacaba con la frecuencia de una amante despechada.

Su rutina era tan atormentada como su mente, pero daba buenos resultados. Pocas personas sabían que, tras esos libros cargados de peso y de verdad, se escondía un hombre al que la palabra huraño solo podría rozarle. El único contacto humano que tenía, aparte del estúpido autorcillo al que le vendía su identidad a cambio de un éxito que deploraba, eran las chicas del burdel que visitaba con la condición de no que no le hablaran con voz meliflua cargada de cariños y cielos. No era amigo de las personas, no era amigo de los animales, no era amigo de su oficio, pero no veía otra salida a su espiral de autodestrucción impía que emerger de las tinieblas y volcarlas en un papel. Esos momentos de redención, de victoria sobre su propio reflejo, le procuraban una íntima satisfacción a medio cocer, hasta que la siguiente línea se le atascara en la garganta.

Eran sus libros su peor enemigo, siempre poniéndole a prueba, siempre retándole a un duelo del que nunca salía vencedor, pues sus múltiples premios, aunque coronaran la estantería de otros, no le provocaban más que honda repugnancia y compasión por el ser humano. Huía de toda palabra amable que el autorcillo le reportara con la diligencia de su buen hacer; para él no eran más que morralla con la que moldear su propia tumba.

Manuel solo tenía una esperanza: que llegase pronto su musa para despertarle del letargo que, estaba convencido, le sumía en la más profunda de las mediocridades. Cuando lo hizo, cuando culminó la espera, sonrió y con un “Por fin, Catrina” cargado de dulzura, dejó escapar un último suspiro cansado.

Deberes humanos

10 diciembre 2015

Marisa había querido ser profesora desde que era una niña, y ahora que lo ha conseguido, está muy feliz con su día a día. Los niños a los que da clase tienen entre 7 y 8 años y son un dechado de sabiduría; le gustan porque lo cuestionan todo y se obliga a estar al día de cada cosa que pueda llamarles la atención, cosas como por qué se forma el rocío o qué significa la palabra “mamotreto”. Aunque a veces se cansa de ellos, pero al mismo tiempo le dan energía y le instan a seguir siendo un ejemplo para ellos.

Hoy es 10 de diciembre, el Día de los Derechos Humanos. Para que sepan bien qué se conmemora este día, la clase se ha dividido en grupos de 5 y va a crear cada grupo una cartulina con el título, una lista de los 10 derechos humanos que entre todos han simplificado y un dibujo para cada uno de ellos.

  1. Todos nacemos libres e iguales.
  2. La esclavitud está prohibida en todas sus formas.
  3. Todos tenemos derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad.
  4. Todos tenemos derecho al asilo, a la nacionalidad y a migrar.
  5. No seremos sometidos a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
  6. No veremos atacados nuestra vida privada, nuestra familia, nuestro domicilio, nuestra honra o a nuestra reputación.
  7. Todos tenemos derecho a un tribunal imparcial que vele por que se haga justicia.
  8. En caso de persecución, todos tenemos derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.
  9. Hombres y mujeres tenemos derecho a casarnos y fundar una familia sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión.
  10. Todos tenemos derecho a la propiedad, individual y colectiva.

Marisa recoge las cartulinas y las guarda en su taquilla. Les echa un vistazo y le parece que han hecho todos unos trabajos estupendos y sobre todo, está satisfecha de que hayan interiorizado estos valores.

En casa la espera Juanita, la chica ecuatoriana que limpia su casa desde hace años y a la que nunca ayudará a regularizar sus papeles, a pesar de saber que eso supondría la reunificación con sus niños, a quienes no ha visto crecer. Juanita fue una recomendación de la vecina del B, quien dice Marisa que tiene una hija lesbiana y un hijo drogadicto, argumentos que utiliza siempre que puede para evitar que su marido la mire con otros ojos. Juanita también cuida del perro de la familia, quien la adora porque es la única que no le aparta con la punta del pie ni le llama “chucho de mierda” en cuanto puede. Ella le cuida con gusto, a pesar de que no le paguen las horas extras que le dedica, y a veces sueña con volver a Quito y llevárselo para salvarle de esa familia que no aprecia la suerte que tiene. Juanita ni siquiera le tiene tirria a Marisa ni a su familia, no se plantea que se podrían portar mejor con ella y con los que les rodean, está demasiado ocupada trabajando para llevarse algo a la boca mientras “la señora” se la llena de discursos sobre lo bien que ha enseñado a los alumnos el verdadero significado del Día de los Derechos Humanos.

Gracias

03 diciembre 2015

Gracias, mamá, porque no te asustaste cuando me viste la primera vez, sino que me abrazaste y me amaste de la misma manera que a mis hermanos.

Gracias, papá, porque nunca colaste entre tus suspiros una gota de desesperación, sino solo las ganas de hacer fuerza.

Gracias, mamá, porque demostraste más paciencia que cualquier reloj de arena al enseñarme a comer, a vestirme, a moverme, a estar yo solo.

Gracias, papá, porque siempre estuviste seguro de que aprendería a nadar algún día.

Gracias, mamá, porque tuviste la inteligencia suficiente como para hacerme comprender que defenderme de los ataques nunca sería fácil.

Gracias, papá, porque me llevaste a esos partidos, conciertos, espectáculos y ferias cargando con el peso de mi cuerpo en tus hombros, alzándome a una cumbre muy alta.

Gracias, mamá, porque supiste interpretar mis silencios, mis miradas blancas, mis risas a destiempo.

Gracias, papá, porque supiste secarme esa lágrima la primera vez que pensé que aceptar esto se os podría haber hecho eterno.

Gracias, mamá y papá, porque con vuestro ejemplo me hicisteis creer que recorrer juntos esta carrera de obstáculos sería un paseo.

3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad

¿Qué empezó?

1 diciembre 2015

Delia nació en el hospital donde empezó todo.

¿Qué empezó?

Empezó el cortejo que llevó a Santi a acostarse con la residente de segundo, quien volvió a su casa llorando dispuesta a contarle a Gustavo cómo se tambaleaba su mundo. Finalmente no se atrevió, le dejó vivir con esa traición y un día él se fue de Interraíl y con la cuchilla de su amigo se cortó. Le dio las gracias por prestársela, no la lavó, y éste día tras día su cuchilla utilizó. Gustavo y Jaime llegaron a Copenhague, donde este último conoció a Rodrigo, y una cosa llevó a la otra y terminaron echando de la habitación a su amigo. Rodrigo volvió a España y olvidó a Jaime a la media hora, lo que tardó en llamar a Esther y hacerle gritar como una loca. Pero Esther descubrió el pastel, no quería una marica, prefería volver a casa y acurrucarse bajo su mantica. Debajo de la manta, estaba su amigo Sadam, que le decía cada noche que le acompañara de viaje a Ámsterdam. Esther y Sadam se pasaban la casa, la comida y la jeringuilla, y entre juerga y juerga, se dejaban hasta la vida. Pero en esos días Sadam se enamoró de una barriorojera, se quedó en Ámsterdam y dejó a todos por ella. Ielah se ganaba su sueldo, conocía muchos viajeros, uno de ellos era Miguel que celebraba su despedida de soltero. Pero Emma tampoco tuvo suerte, no cerró este ciclo de veneno, pues le pareció que en su noche de bodas no hacía falta poner un remedio. Meses después nació Delia, una niña de enormes ojos, que trajo bajo el brazo un pan lleno de lazos rojos.

1 de diciembre, Día Internacional de la Acción contra el Sida

Terrícola

23 noviembre 2015

Qué pereza, otro paseo más hasta allí, otra cola más. Ojalá hubiese un aparato que te permitiese hacer ese engorro desde casa. Ha sido un trámite complicado, pesado, a ratos interminable, pero finalmente ha conseguido su cita. Tiene a dos personas delante de ella y entonces le tocará. Mientras espera, mira las fotos de carné que trata de no apretar entre sus manos sudorosas y se le escapa una sonrisa porque, admitámoslo, sale feísima. ”Estamos en pleno siglo XXIV, podían haber inventado algo para retocar las fotos y que saliésemos más favorecidos”, piensa.

La cola se eterniza. Saca el libro que tanto le pesa en el bolso y trata de distraerse leyendo, pero no lo consigue. Está nerviosa, contenta, ella es de las pocas personas que está de acuerdo con los 7 gobiernos en que esta medida ayudará a conseguir la paz que tanto necesita su pequeño mundo. De repente recuerda que tiene que llamar a su marido para avisarle de dónde está, como marca la ley, así que le pide al señor de detrás de ella que le guarde su turno y se acerca a la cabina que tienen en la sala de espera. Mientras marca, piensa en lo útil que sería que hubiese teléfonos portátiles que llevar en el bolso y usar en cualquier momento.

Vuelve a la cola y vuelve a su libro. Se titula ”El mundo antes de la III Guerra Total” y describe un mundo que a ella le resulta difícil de creer pero que dice El Libro de Historia que existió, un mundo donde la gente volaba en algo llamado aviones a otros países del mundo, donde la gente se conectaba a través de unos aparatos eléctricos con algo llamado ”Internet”, un mundo donde la gente no se moría a los cuarenta años, donde había unos siete billones de habitantes y no solo unos 100 millones repartidos en la pequeña porción del emisferio norte que se salvó. Le cuesta imaginar que pudiesen existir hace apenas trescientos años tantas máquinas extrañas que hiciesen las cosas por uno y que los hombres de esa época fuesen tan geniales como para crearlas y al mismo tiempo tan estúpidos como destruirlo todo en la III Guerra Total.

Por fin le toca su turno. La señorita del mostrador es amable y le entrega su pasaporte universal. Lo mira un momento con detenimiento -su nombre: L. España; su nacionalidad: Ciudadano de la Tierra; su fecha de caducidad: 234-día del año-345 N.E.*; disponibilidad para alunizar: completa; su foto: horrible- y espera que le sirva de algo en caso de que los alienos vengan para llevárselos de la Tierra.

*Nueva Era

293827_10151066308909040_1368724794_n

Pensé que sería peor

2 abril 2015

Pensé que sería más duro echarte de menos. Pero me sorprende que sea tan fácil. Será que el recuerdo está tan anclado al olvido que por fin me permite dar pasos adelante.

Pensé que sería más difícil echarte de menos. Pero me sorprende que sea tan maleable. Que, al fin y al cabo, sea mi decisión. Será que el saber que estás lejos y tan fuera de mi alcance me da la libertad para no añorarte.

Pensé que sería más arduo ese camino que me aleja de lo que un día llegamos a ser. Pero me hace feliz ver que puedo pasear por esa senda como si fuese descalza por la playa, al abrigo de la brisa del mar que me recuerda sin pena ni dolor los baños que nos dimos en varios mares del mundo.

Pensé, en definitiva, que se me caería el corazón a pedazos el día que decidieses reaparecer, como siempre supe que harías, porque en el fondo siempre fuiste bastante previsible. Pero no solo mi corazón no se cayó en trocitos, sino que se hizo más grande, más amplio, con capacidad para acoger a otra gente y todo lo que éstos tuviesen que decir, y me di cuenta de que olvidar es posible, y de que en el fondo, nunca estuviste tan preso de mis recuerdos como siempre me empeñé en creer. Y por fin, liberada de esos lazos que me amarraban a un recuerdo que ahora es amargo, me permití ser libre de mis fantasmas y sonreírle a ese presente que me abría los brazos con un gran calma y mucha, pero mucha fantasía.

Presentación en Barcelona

Son muchos los motivos que llevan a millones de turistas a acudir a la ciudad condal para admirar fachadas ondulantes, fotografiar basílicas inacabadas, chapotear en playas atestadas y llenarse de delicioso pa amb oli. A mí, este fin de semana me ha llevado hasta allí por décima vez en mi vida, la generosidad, la amistad y el amor de un puñado de habitantes que no para de sorprenderme con sus muestras de afecto.

Sabía, como lo sé siempre que me acogen en Barcelona con el corazón abierto, que lo pasaría bien. Que sería, como todos los anteriores, un viaje para recordar, lleno de abrazos, de risas, de comida y de gestos de esos que se te apelotonan en la memoria. Acepté de buen grado toda esa generosidad y ese cariño incondicional consciente de que emanan del desinterés más puro. Para que luego digan que los catalanes son agarrados…

Ese fin de semana he sido feliz, y  no ha sido gracias a mí. Muchas personas han venido, incluso curzando el Mediterráneo, para acompañarme en la presentación de mi primera novela. No quisieron perderse la oportunidad de ser testigos de algo que para mí es importante, como buenos amigos, y corrieron ante la perspectiva de volver a vernos después de tanto tiempo.

Seis años han pasado desde aquel verano en Tokio. Miles de aventuras repartidas en varios viajes, anécdotas que nunca mueren a fuerza de recordarlas, muchas palabras de apoyo y ánimo y nunca, jamás, un mal momento entre nosotros. Estas cosas pasan rara vez. Y precisamente por eso, porque son raras, son preciosas. Lo buenos que somos en esta tarea de atesorar nuestro pedazo de mundo llamado TTT, a pesar de los kilómetros que nos dividen, me confirma que nacimos, en parte, para juntarnos.

Aquí las fotos del evento.

Gracias a Marcos y su familia, Silvia, María Ángeles, Amador, Patri, Laia, Lenna, Patri, Fer, Jose, Ari y Mercè.

Alicia no tiene esencia

11 noviembre 2014

A Alicia no le importa esperarme cuando doy vueltas en las librerías y siempre hace el amor conmigo, le duela la cabeza o no. Nunca me discute en público, sonríe cuando le tomo el pelo y, sin que te enfades, te diré que probablemente sea la única mujer sin aires de mandona que conozco.

El problema con Alicia es que no tiene esencia. Alicia se levanta de la cama y no huele a buenos días, ni a babas en la almohada, ni a sueño, ni a aliento mañanero. Cuando sale de la ducha, no huele a champú, a mascarilla o a crema. Tampoco le huele el pintauñas en las manos, el café en los besos o los pedos en el lavabo. De los restaurantes no le queda ni rastro de coco del postre, ni de alioli, ni de pintalabios, y si me mete sus bragas en la maleta cuando viajo no hay nada de Alicia en ellas. Ni siquiera cuando cocina se le impregna algo el pelo.

Pero Alicia tampoco tiene malicia, y por eso no sabe que ella no huele, como nada ni nadie lo hace, desde que te tengo a ti metida con fuerza entre ceja y ceja.

La mirada perdida

Como Ángel nunca había ido de putas, no tenía ni idea de cuál era el protocolo. ¿La mano? ¿Dos besos? ¿Un abrazo lánguido, de esos que no se sabe muy bien quién se lo da a quién? El lugar era menos sórdido de lo que se había imaginado, pero aun así le picaba la nuca, signo inequívoco de que no quería estar allí. Estefanía se le acercó cuando apuraba el último trago y le plantó dos besos pegajosos que traían de regalo una bofetada de perfume barato. Sintió náuseas, pero se cuidó de hacérselo ver a ella; putero sí, pero caballero más.

A Ángel no le gustó nada aquella chica. Le pareció demasiado alta, algo ordinaria, y tenía la mirada perdida. No parecía haber pisado una librería en su vida. Aun así, guiado por la presión en su entrepierna, subió las escaleras y, durante varias horas, se dejó adular desnudo sobre la cama, agradecidos ambos por la magia de la pildorita azul que nunca falla.

Cuando llegó a su casa, Raquel lo recibió en la puerta diciéndole:

-Venga, enséñamelo todo. Dime que, por fin, has aprendido- con una sonrisa de deseo en la mirada.