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Bruselas

4 abril 2016

Tienes el encanto de tu hermana mayor con el añadido de que encima eres amable, a pesar de compartir su cielo gris que es el espejo de un suelo cubierto de cenizas. Ambos estáis heridos pero tú, a diferencia de ella, te relames las heridas solo. Ambos saldréis adelante; ella recuperará su mirada de superiodidad y sus aires de grandeza mientras que tú volverás a pensar que no estás a la altura parapetado en la sonrisa de niño bueno y un poco panoli que te caracteriza.

Eres como ese chico tímido que cree esforzarse por ser majo en una fiesta donde nadie le mira porque muy pocos siquiera le ven. Aquel que no se lava mucho, que viste ropa negra y demasiado holgada, que habla bajito y poco, que se queda en un rincón abrazado a una lata de Maes sonriendo sin escuchar realmente lo que pasa a su alrededor. No eres el más popular de la clase, tampoco el más pringao, pero reconoce que nadie se acerca a ti por interés, sino por la inercia marcada por los acontecimientos. La mayoría te escucha a regañadientes, sabiendo que no es mérito tuyo el que estés en boca de todos.

Sin embargo, hay unos pocos que realmente te conocen y, al hacerlo, ven qué es lo que te hace tan único en esta familia llena de locos. Estamos solos, sí, pero teniéndote a ti, para qué queremos más.

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Añicos

26 febrero 2016

Por fin ha reunido el valor para acercarse al contenedor del vidrio. En el momento en que esas botellas empiezan a caer una a una por el hueco, sus hombros se deshacen de un peso que se deposita en su corazón.

Un Bordeaux, un Bourgogne, un Château Margaux… todos vinos franceses. Una a una, las botellas se van haciendo pedazos cuando se estrellan sobre otros cadáveres de recuerdos. Porque todas esas botellas llevan asociadas un recuerdo, un momento, una celebración, una conversación, una cena, una mirada, una borrachera, un beso, un preludio y, por supuesto, un final.

El ruido de las botellas al hacerse añicos le recuerda al ruido que tantas veces oyó en su corazón. Estallan sobre el lecho de unos recuerdos muertos que ya le son ajenos y se obliga a preguntarse, sin ápice de resentimiento, en qué momento dejó de tener sentido seguir brindando “por nosotros”.

Viajar a Moscú

25 enero 2016

Sus hijos, sus nietos y seguramente todo aquel que se cruzase con él en el metro no entendían por qué insistía en arramplar con todo cada vez que iba a Fitur. Cada año, sin faltar nunca a su cita, acudía a la feria y volvía a casa cargado de llaveros, gorras, bolígrafos, posters, camisetas, pines, panfletos, abanicos… A pasos cortos, conseguía llevar más bolsas de las que su maltrecho cuerpo moldeado por sol y por el viento podía cargar, pero en su mirada una sonrisa satisfecha desafiaba a las personas que lo veían como un viejo extravagante sin ningún tipo de mesura.

Nunca le dio explicaciones a nadie, sabía que no le interesaba. Le importaba bien poco que lo que la gente pudiese pensar al verle llegar al stand con el ansia de un sediento en un oasis. Podría haberse ahorrado el espectáculo, podría haber sido simplemente un tranquilo visitante que pasa por allí con un interés distante, por pasar el rato, “porque ya sabes que los jubilados ya no tenemos nada que hacer”. En cambio, prefería perderse en los pasillos y, amparándose en aquella sinvergonzonería de la que solo se benefician niños y ancianos, meter cosas en bolsas sin moderación ninguna.

Él esperaba todo el año a que llegase febrero solo para regalarse esa visita por su cumpleaños y no podía pararse a pensar en lo que otros pudiesen ver tras sus ansias por llevárselo todo. Al fin y al cabo, Fitur era ya la única manera que tenía de viajar a Moscú, y si algo todavía pueden hacer los jubilados es imaginar cómo habría sido de haber podido satisfacer un deseo.

“Queridos Reyes Magos:”

6 enero 2016

“Queridos Reyes Magos:”. Así empieza la carta de Violeta, como todas las cartas que sus majestades recibirán estos días. Pero esta carta es especial, está cargada de ilusión. No la misma ilusión que el resto de cartas que comienzan así. Es…otro tipo de ilusión.

Violeta aún no lo sabe, pero le quedan exactamente treinta y tres años para convertirse en la escritora más importante de Guinea Ecuatorial. Venderá miles de libros, acudirá a conferencias en España y Latinoamérica y sus libros se traducirán a los idiomas más hablados. Y en todos y cada uno de los discursos de agradecimiento que dará a lo largo de su prolífica carrera, recordará mentalmente el día en que escribió sus primeras palabras y, con ellas, tomó la mejor decisión de su vida:

RRMM

No sirve para nada

5 enero 2016

Yago ha quedado con esta chica. La conoce poquísimo, por no decir nada, de dos o tres conversaciones por Tinder, y le ha parecido maja. Sin más, la verdad. Maja como podría ser cualquier tía con la que ha hablado a lo largo de su vida. No cree que pueda forzar nada con ella, pues siempre ha creído que el amor, si llega, llega solo. Pero sus amigos le han insistido tanto en que tiene que salir a explorar otros cuerpos que al final, sucumbiendo a los “Pues no sabes lo que te estás perdiendo, tío”, ha decidido bajarse el maldito Tinder. Por probar…

Llega a la terraza del 100 montaditos. Es una calurosa tarde de mediados de junio, acaba de terminar los exámenes de la facultad y no le queda por delante más que un glorioso verano de aburrimiento, piscina e insomnio que contribuirán a que vuelva más despacio el invierno. Repasa mentalmente los consejos de sus amigos: “Muéstrate seguro de ti mismo”, “Hazle reír, a las tías les encanta que les hagamos reír”, “Nada de mirar por debajo de la barbilla o… que no se te note”, “Si insiste en pagar a pachas, déjala, que ahora van de modernas” y, el que más curioso le pareció: “Cuando te vayas a despedir, mírala muy fijamente a los ojos, baja hacia los labios, quédate sin decir nada unos segundos más de la cuenta y luego… le dices “hasta otra”, le das dos besos rápidos en las mejillas y te vas. Te llamará esa misma noche, ¡nunca falla!”.

Yago ni siquiera sabe si esta chica le va a gustar. Solo es la primera chica con la que pudo hablar por el chat. De banalidades fundamentalmente. Ni siquiera recuerda muy bien su foto, porque solo la miró un momento para darle al sí o al no, y no volvió atrás para verla bien. Pero se dijeron cómo irían vestidos: él, con unos vaqueros y una camiseta marrón con el logo de los Rolling. Ella, con un vestido morado y una flor en el pelo. Cuando llega, Yago la saluda amablemente y se ofrece a ir a por las bebidas cruzando los dedos para no aburrirse tanto como lo hizo mientras chateaban. Se apoya al mostrador y, mientras espera a que el camarero le sirva las dos cañas, su mirada se desliza inevitablemente por debajo de la barbilla de éste. Como sospechaba: la terapia no le ha servido para nada.

Resumen del blog – Gracias por hacerlo posible

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 4.700 veces en 2015. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 4 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Solsticio de invierno

21 diciembre 2015

“19 días y 500 noches”. Qué razón tenía Sabina cuando pensó ese verso, las noches siempre son peores. Se hacen eternas, el sueño se concilia a duras penas y cuando al fin llega la tregua, le entra prisa al amanecer por devolvernos la lucidez.

La noche es el momento en que todo se para, se estanca. Durante estas horas no se puede avanzar, ni tan siquiera retroceder. Las agujas se congelan en un ritmo cadencioso;  no reciben noticias, no se ponen en marcha mecanismos para acelerar esperas, no se dan rienda suelta a las desdichas, ni a las alegrías, no se es productivo ni se puede vaguear a gusto. No se puede hacer más que mirar el techo y rogar que llegue el sueño o, en su defecto, esperar a que la agonía del insomne pase y el mundo arranque su motor de nuevo.

Es el momento en que vuelven todos los fantasmas, en que las ausencias se desvinculan del pasado para golpear con sus nudillos nuestra frente, el momento en que las distracciones dejan de ser el antídoto perfecto a una pena a la que no podemos ponerle un nombre.

Menudo solsticio de invierno me espera esta noche.