Paciencia

12 noviembre 2015

Se recoloca el pelo bajo el velo, se mira al espejo y sonríe acordándose de cómo aquella chica del tranvía se quejaba de que su novio ni se hubiese percatado de sus mechas nuevas. Tenía un acento fuerte y pronunciaba las erres con vigor, así que dedujo que sería una congoleña nacida en Bélgica.

A menudo se hacía a sí misma una pregunta sobre sus hijos Ahmed y Nasima. Habían nacido aquí, tenían pasaporte de aquí, hablaban los idiomas de aquí y se movían como personas de aquí. Pero se habría apostado el oro de sus ancestros a que nadie hubiese contestado Bélgica a la pregunta de “¿De dónde eres?”.

Sin saber muy bien en qué momento exacto ocurrió aquello, hace ya mucho que no piensa en volver a Casablanca. Tampoco se quedaría aquí, en este reducto de un mundo hecho de las 50 sombras del gris menos picante, pero ya no le queda más remedio, porque sin tener un pie en ninguno de los dos lados, no siente que pueda ni quedarse ni echar raíces. Y no hay día que ese despiste no le haga preguntarse quién es, de dónde viene y si alguna vez irá a alguna parte.

Inspirado en el documental “Patience, patience, t’iras au paradis”.

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