Venecia tiene un color especial

28 abril 2015

Estos días en que se celebra la Feria de Sevilla la recuerdo y sonrío con muchas ganas. No se me apetese, cariño, me decía cuando le ofrecía un yogur después de comer. Qué dulce fue siempre esta mujer, pienso ahora, y me entran unas ganas absurdas de saber qué tal está. Me dicen que está bien, que sigue con ese corazón enorme que, si le cabe en el pecho, es solo porque éste también es enorme. Descomunal. Como toda ella. Como su sonrisa, como su generosidad, como sus abrazos.

Su sueño es ir a Venecia, y a veces desearía que me tocase la lotería para poder darle ese capricho. Ese capricho que, más que capricho, es desde mi punto de vista una obligación. En la utopía de un mundo justo donde todos tuviesen sus necesidades cubiertas, ir a Venecia debería ser el primer derecho en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Nadie tendría que morirse sin tener la oportunidad de ver Venecia, y menos si lo deseas tanto como ella. Ojalá hubiese ahorrado un eurillo al día desde que tuvo ese primer pensamiento, a lo mejor a estas alturas ya tendría un pie en el Ponte Rialto y otro en su Sevilla natal.

A mí lo que se me apetese es ver que la vida se termina portando bien con la gente que lucha por ser feliz y por hacer el bien con pequeños gestos cotidianos. Como ella, que se preocupaba de prepararme la sopa de verduras que sabía que me encantaba, y que, cuando era el turno de la sopa de fideos, siempre se acordaba de que me gustaba espesa, reservando el caldo. Ella que se acordaba de todos nuestros cumpleaños cuando no existía el Facebook, ella que educó a sus hijos en el amor y la tolerancia necesarios como para tener siempre una mano cargada de cariño hacia una niña diferente. Ella, que fue una bonita presencia en nuestra casa, llevaba esa gracia y ese salero andalú en cada uno de sus actos. Se me apetese muchísimo que encuentre el modo de llevarlos a Venecia y de insuflar un poco de color especial a los canales llenos de historia que sé que tanto va a apreciar, del mismo modo que deseo que siga sonriendo y satisfecha con cómo se esfuerza por saborear el rebujito de la vida.

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