Una rival a tu lado

13 marzo 2015

Lourdes se debatía entre prohibir a su hija juntarse con Marta o simplemente dejarle caer que no le gustaba que la frecuentase. Sabía que tenía mucha influencia sobre Sara; siempre había sido una niña dócil, con una relación estupenda con los adultos, que nunca se enfrentaba a la autoridad y con visos de atravesar una edad del pavo apacible y corta. Creía que lo mejor sería utilizar esa influencia que sabía depositar en su hija para ir alejándola de Marta.

Últimamente no había día en que no volviese del colegio diciendo lo bien que se lo había pasado en el recreo con Marta, lo divertida que era, lo generosa que era. Parecía más feliz que nunca, desde que la conocía, pero Lourdes sabía que esa sensación era temporal. Que en cuanto llegase la inminente pubertad y ésta se descubriese como el cisne blanco al que ya apuntaba, llegarían las envidias, las peleas, los celos, la competencia. Lourdes, que había legado en su hija esa tendencia hacia la excesiva vulnerabilidad, no se mentía a sí misma como sí lo hacía cuando era Sara quien le preguntaba si era guapa. Sabía, porque lo había vivido en sus propias carnes, que cuando creciesen, le dolería mucho ser la amiga maja de la chica guapa a la que todos quieren cerca.

Se sentiría invisible, aún más insegura de lo normal, cuando fuesen de compras y viese que Marta podría ponerse de todo mientras que ella tendría que ir a las tiendas más casposas. Se sentiría abandonada en las discotecas, cuando los chicos se acercasen a hablar con Marta y se quedase sola en una esquina, jugando con la pajita del cubata entre los dientes explorando el techo del local. Y se sentiría todavía peor al ser abordada por algún chico solo para escuchar poco más tarde un “¿Me presentas a tu amiga?”. No sería nada agradable que, en cuanto Marta encontrase otras amigas con las que salir y vivir a todo tren, dejase a Sara de lado, ni sabría cómo consolar a su hija el día en que esta dejase de contar con ella siquiera para actividades menos glamurosas como ir a tomar un café.

Sara no lo entenderá, ni hoy ni mañana, porque ahora mismo solo ve a su amiga divertida y maja, a la guapa de la clase que la ha escogido nada menos que a ella como mejor amiga. Pero algún día, Lourdes está segura, dejará de echarla de menos y empezará a verla como rival. Y entonces agradecerá que ya no esté a su lado.

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