Ni más ni menos

12 marzo 2015

Lorena tiene 7 años y es una de las niñas más felices que veremos jamás. Tiene dos hermanos, de 5 y 9 años, con los que juega todos los días. Sus padres se quieren, ella está sana, le gusta ir al colegio y aprende todo lo que le enseña la profe de buena gana.

Ahora Lorena tiene 13 años. Le acaba de bajar su primera regla, y se odia frente al espejo porque, aparte de ser asqueroso, tiene más granos que nunca. No entiende qué ha cambiado, por qué de repente le apetece llorar por cualquier tontería. Le sigue gustando estudiar, pero no ir a clase porque tiene que ver al idiota de Martín.

Con 14 años, Martín y Lorena se dan su primer beso, con 15 hacen el amor. A Lorena le duele muchísimo, Martín no piensa en otra cosa durante semanas. Quiere repetir, pero no será hasta los casi 17 cuando Lorena decida volver a pasar por la experiencia otra vez.

A los 18 años, Lorena decide que quiere estudiar arquitectura y Martín dice que él prefiere estudiar periodismo. Se tienen que separar; ella se va a Madrid, pero él se queda en su pequeña ciudad porque sus padres no pueden pagarle un alquiler en la ciudad. Se juran amor eterno, se despiden con un beso y se prometen llamarse todos los días y visitarse al menos una vez al mes.

Cuando Lorena acaba de cumplir 19 años, se enamora de Víctor y deja a Martín, quien ahogará su pena bajo las faldas de Teresa. Lorena y Víctor duran poco más de un año, y cuando Lorena tiene casi 21, decide irse de Erasmus para olvidarse de Víctor y, de paso, aprender un poco de inglés.

En Utrecht, Lorena conoce a Dan, que es inglés, y cuando termina su Erasmus se va con él a vivir a Londres. Alquilan una pequeña casa en el Soho y se cree muy bohemia. Es casi tan feliz como cuando tenía 7 años, hasta que tiene que ponerse a trabajar en un bar de copas porque su título, con su inglés, allí no le sirve de nada. Cuando llega a casa Dan está dormido, y cuando ella despierta, él ya se ha ido. Los días que tiene libres quiere salir a hacer cosas, pero entre la lluvia incesante y que él es muy perezoso, nunca hacen nada, y le sobreviene un aburrimiento que la lleva a hacer la maleta y volverse a España. Tiene 24 años.

En España, Lorena aún no tiene experiencia en arquitectura, así que envía millones de currículos a todos los estudios del país, hasta que uno de ellos le ofrece unas prácticas no remuneradas a tiempo completo. Lorena, que vive con sus padres y sus dos hermanos, hace las maletas muy contenta y se dispone a trabajar, hasta que se da cuenta de que necesita desempolvar los apuntes porque no lo recuerda todo.

Cuando Lorena está a punto de cumplir 26, le ofrecen un contrato en el estudio. Se alegra muchísimo y, para celebrarlo, decide llamar a Víctor para ver qué tal está. Casualmente, viven en la misma ciudad. Se ven, toman un café, se ríen mucho y terminan en la cama. Luego Víctor se va rápidamente porque ha quedado con su novia para cenar, y Lorena se queda en casa lavando las sábanas y poniendo morritos frente al espejo.

Ahora Lorena tiene 30 años. Lleva casi 5 trabajando en el estudio y está a punto de casarse con Joaquín, el becario del estudio que ya ni es becario ni trabaja allí. Se mira al espejo, se siente bien, toda una profesional, enamorada, joven y sana. La boda será por todo lo alto; han trabajado ambos muy duro para poder pagársela, renunciando a salidas a cenar y a viajes con los amigos. La ceremonia es preciosa, hay mucha gente y todos se ríen y bailan mucho. De luna de miel se van a Jamaica. Con 31 años, nace el primer hijo y casi todos los que se encontraban en la boda vuelven a reunirse para el bautizo.

Cuando Lorena tiene 33 años tiene a su segundo hijo, que es una niña esta vez. La niña nace sorda, pero con un implante coclear se soluciona su problema. Crece sana y feliz, como Lorena, hasta que cumple 4 años y le dan un hermanito que le quitará atenciones, y entonces adoptará esa mueca de desprecio que nunca llegará a abandonar del todo.

Cuando Lorena tiene 42 años, sus hijos tienen 11, 9 y 5 años. Son niños felices y sanos. El mayor es cabezota y buen estudiante, la niña es presumida y divertida y el pequeño es torpe y cariñoso.  Las tardes se las pasa conduciendo por la ciudad para llevarles a clases extraescolares. Los viernes aprovecha para cenar con su marido y a veces con algunos amigos. Los sábados comen con sus suegros y pasean por la ciudad, y el domingo hacen deporte y van al cine. Algunos días, cuando es Joaquín quién está en el coche llevando a los niños, se ve con Víctor en un hotel.

Lorena descubre con 44 años que tiene un bulto en el pecho. Va corriendo al hospital, le dicen que es un tumor pero está en una fase temprana. Después de varias vistas y de tratamiento la operan. El pronóstico es bueno, todo sale bien y recupera su vida tal y como fuese antes del susto. Con el tiempo, se le olvidará darle gracias a la vida por esta segunda oportunidad.

Cuando Lorena está a punto de cumplir los 49 se le retira la regla, y lo vive con un profundo alivio. Gana mucho peso y Víctor empieza a llamarla más a menudo. Su hijo mayor ha terminado el colegio y va a entrar a estudiar Magisterio de inglés. Ella hubiese preferido algo como Derecho o Ingeniería, pero se aguanta. Su hija tiene un novio capullo y está repitiendo, pero sabe que no es más que una fase. El pequeño no le da problemas ni satisfacciones particulares.

Lorena tiene 52 años cuando se muere su madre y le cuesta horrores superar la pérdida. Cuenta los años que le quedan para la jubilación y desde hace ya mucho tiempo no le ve la gracia a encontrarse con Víctor, así que solo lo ve cuando él insiste mucho. Justo poco después de cumplir los 56 se entera de que su marido tiene un lío con la secretaria y se divorcia. Los niños lo entienden, no parecen preocupados. Para despejarse del rollo de papeleos, va a ver a su hijo que está de Erasmus en Roma y se lo pasan de miedo comiendo pizza y helados en las plazas de la ciudad. La novia que se ha echado no le gusta ni un pelo, pero cuando él le pregunta por qué, no se le ocurre un argumento más convincente que “porque es francesa”.

Lorena se jubila por fin antes de lo previsto, a los 62. Su hijo mayor está colocado y con una novia que, por suerte, es española. La mediana se pelea por terminar la carrera y amenaza con dejarlo todo e irse a Dublín. El pequeño acaba de empezar Medicina; por fin una satisfacción. Lorena decide mudarse a la casa de Torremolinos que le quedó del divorcio y, para disfrutar de los años venideros, se compra un lienzo, muchos pinceles y botes de colores, y se baja al paseo marítimo a ver si algún turista se para. Pocas veces se para a pensar sobre su vida, pero cuando lo hace, sonríe para sí misma con un poco de ironía y bastante indiferencia.

Anuncios

Cuéntanos qué te ha parecido.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s