La cualidad de las ciudades

2 marzo 2015

Estábamos sentadas en sendos bancos bajo una pared llena de esos relojes que marcan la hora de Moscú, Tokio, París, Nueva York, Londres, Sídney y Buenos Aires. Siempre las mismas ciudades, como si no hubiese más ciudades en el mundo. Si yo tuviese que poner esos relojes, elegiría otras ciudades como Chisinau, Antananarivo, Manila, Quito y Pyongyang, para darlas a conocer un poco. Otra cosa que haría sería cambiarles la pila a esos relojes; es absurdo, pero nunca funcionan, y si lo hacen, nunca marcan la hora real.

Yo estaba bajo el reloj Moscú y tú bajo el reloj Buenos Aires. Cuando te acercaste a hablar conmigo, le di un buen bocado a mi bocadillo para evitar tener que contestarte enseguida. Evité sonreír toda la conversación, convencida de que tenía los dientes llenos de restos de comida. Seguro que pensaste que era antipática.

-¿Sabes?- me dijiste-, me muero por ir a Buenos Aires. Pero solo he estado en Moscú.

-¿Y cómo es?

-Es un sitio metálico. Buenos Aires, en cambio, tiene pinta de ser un lugar muy madera.

-Es una definición extraña-, te dije conteniendo una sonrisa escéptica.

-Sí. Lo sé. Te lo explicaré: la madera se puede pintar fácilmente. Por eso Buenos Aires está llena de colores. Además se contrae y se expande según la temperatura. Buenos Aires parece así de flexible, de maleable. La madera no está fría por definición, pero puede estarlo. Como Buenos Aires, que es cambiante. Y además puede ser lisa, fácil, amable. Pero también puede estar llena de astillas, puede hacer heridas, puede arañar. Como Buenos Aires. Una amiga de allí la llamaba la ciudad de las mil caras.

-No lo había oído antes…

-La madera, como Buenos Aires, puede ser dura si te da en la cabeza. Pero puede ser un buen banco, una cama, una silla, un lugar acogedor. Todo depende de la forma que se le dé, de cómo se moldee. Como a Buenos Aires. Es un material barato, como Buenos Aires, pero cuidado con cariño puede ser valiosísimo y carísimo. Y, como la madera, Buenos Aires parece un sitio natural, conectado con la tierra, con potencial para volver a ella con el tiempo.

-Tienes razón. Moscú es totalmente metal.

-Me alegro de haberme explicado. Me tengo que ir, tengo que coger el vuelo… Buen viaje.

-Gracias. Lo mismo te deseo. ¿A dónde vas?

-A un sitio arena.

-Pues… ¡pásalo bien en Estambul!

-Gracias-, y sonreíste contenta de que por fin alguien hubiese entendido tus teorías sobre la cualidad de las ciudades.

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2 pensamientos en “La cualidad de las ciudades

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