Milagros

26 febrero 2015

Abro los ojos y me doy cuenta de esta nueva realidad enseguida, al segundo. No puedo sonreír, porque hay tubos que me bloquean las comisuras de los labios, pero la felicidad tiene sus vías de escape y decide salir por los ojos. Mi madre, a mi lado, me seca el borde de la cara con el dorso de la mano y, como ella sí puede, sonríe con un “hola, hija”. Luego coge a Nico en brazos, lo pone en el borde de la cama para que me vea y, cuando sonríe, veo que por fin se le ha caído aquel diente que también peleaba por sobrevivir.

Algún día querría conocer a la familia, pero sé que nunca será posible. Querría ir a su casa, llenarlos de abrazos, ofrecerles el consuelo que puedan necesitar y, si quieren, festejar discretamente el inicio de una vida. Sin embargo, a pesar de esta gratitud tan sincera que me muero por expresar, no tengo manera de conocer a la familia de la persona que, con mucha sensatez, me dejó su bien más preciado.

A quien sí puedo agradecer en persona es a los médicos que, tras años de esfuerzos, de sacrificios y de una tremenda valentía, han conseguido reconectar mis fuerzas al torrente de la vida. Ellos han logrado que pueda seguir viendo a Nico crecer y a su padre envejecer. Para ellos lo que han hecho es algo cotidiano y estoy segura de que ni lo piensan antes de acostarse. No piensan en la enorme proeza que han conseguido con su cerebro, sus manos y unas pocas herramientas como únicas armas. Me sorprende cómo, a pesar de jugar a ser Dios, ellos no se acuestan enaltecidos entre cánticos y oraciones, no viven rodeados de alharacas ni son objeto de adoración. Simplemente cierran los ojos y se alejan del mundo poco a poco, como lo hizo aquel ángel que fue arrastrado al cielo antes de tiempo dejando en la tierra un regalo intacto para mí. Ni los unos ni los otros imaginan que yo, para siempre a partir de ahora, cerraré los ojos cada noche y será un “gracias” lo que deje volar, esperando que por arte de magia les llegue una mínima parte de esa gratitud sincera que nunca podré expresar en toda su verdad.

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