La mejor de las terapias

18 febrero 2015

Eres la mejor de las terapias. Eres la única, en todo el mundo, que me permite desconectar de un día duro en el trabajo, la única que consigue que me olvide de que es la hora de comer y, sobre todo, la única que me permite alejarme de los fantasmas del pasado, del presente y del futuro.

Cuando me atrapas, siento que estoy curada de cualquier herida, por profunda que sea. Siento que estoy a salvo, que soy inmortal. Que no queda sitio en la tierra para ningún mal, porque estamos construyendo juntas un universo paralelo que nos aleja de lo superfluo, de lo que no tiene importancia, de lo banal, y me gusta ese nuevo rincón donde puedo acurrucarme contigo sin sentir nada más que una gran paz.

En aquellos días en los que los nubarrones no me dejan pensar con claridad, me acuerdo de que tú siempre estás ahí, y nunca me dejas sola, y se me pasa todo atisbo de miedo por el qué vendrá. Mientras estés a mi lado, nunca me pasará nada, porque eres la mejor de las terapias, la única que me funciona, la que de verdad me agarra de la mano cuando estoy a dos centímetros del precipicio, la que me demuestra cada día que, pase lo que pase, no me abandonará.

Me aferras a la realidad al tiempo que me alejas de mi vida. Magia pura, rozas lo sobrehumano.

Eres, de verdad, otra buenísima razón para alegrarme de haber nacido en el siglo en que nací, en el lugar en que nací, en la familia en que nací. Sin ti, los días serían oscuros y las noches serían eternas, y no habría escapatoria para el horror que azota cada ángulo del mundo con una crueldad de la que siempre serás testigo. Sin ti, no habría posibilidad de salir corriendo para los que se sienten aprisionados por el tedio y el desencanto. No habría modo de que niñas y niños de todo el planeta volasen de su realidad, no podrían las generaciones recrearse en lo que fue, ni podrían los inquietos de espíritu saciar sus ansias de saber más. Sin ti, nuestras vidas serían cáscaras vacías con contenido evaporable y, sin duda, la humanidad viviría en un sitio mucho más sórdido. Un sitio hueco e insustancial del que, encima, no se podría uno escapar.

Agradezco de corazón el haberte conocido a tiempo. Agradezco haber nacido humana, con la capacidad de valorarte y consagrarte como mereces. Agradezco saber valorar que el tenerte no es ya una elección, sino una verdadera necesidad.

“Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana”. Graham Greene, escritor inglés.

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2 pensamientos en “La mejor de las terapias

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