La masajista

26 diciembre 2014

Marina era una chica que sabía poco de la vida y aún así se movía con soltura, con galantería, incluso demasiada para una mujer de su edad. No había querido estudiar y ahora se pasaba las mañanas mirándose al espejo de la barra del bar, las tardes dando paseos con las amigas por el centro comercial y las noches de casa en casa, arañando unas horas de compañía y también, por qué no, algo más que una amistad. Luego dormía poquísimo, pero Marina nunca aparecía cansada, malhumorada. Jamás una ojera, una arruga de más, un gesto de fatiga. Creo que jamás la vi bostezar. Su secreto, una rayita que otra en la barra del bar.

Marina, además de ser una chica sencilla de barrio, era bastante atolondrada y no imaginaba nunca salir de allá. Era muy buena dando masajes. Se rociaba  las manos con mucho aceite de jojoba y se ponía a masajear. A veces era una espalda, a veces eran unas nalgas, a veces unos pechos, a veces unas manos, a veces sus propias manos, a veces una cara, casi nunca una cara, a veces un pene, casi siempre un pene, a veces incluso la tripa de una embarazada… Marina amaba su trabajo, masajeaba sin parar, con soltura, como se movía cada mañana en las barras del bar, como lo hacía por las tardes por el centro comercial,  como lo hacía por las noches en las casas de sus amigos, con esa facilidad y esa energía que la acompañaba también en la soledad de su sofá.

Marina era guapa, no guapísima, pero sí bastante guapa, y eso le facilitaba las cosas de su día a día. Nunca estaba cansada Marina, nunca se quejaba. Sabía poco de la vida, pero lo que sí sabía es que no quería saber nada más.

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3 pensamientos en “La masajista

  1. Anónimo

    Este relato da la sensación de que puede tener mucho detrás. Te animo a continuarlo ¿quizá una novela? Como siempre con calidad. Opino lo que el tu mensajero de ariba. LLegarás.

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    1. alelerele Autor de la entrada

      ¡Muchísimas gracias por tus amables palabras!
      Como siempre, significan muchísimo para mí y me animan a seguir escribiendo. Y por supuesto, tendré en cuenta tu sugerencia :)
      Un abrazo,
      Alessia.

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