Alas para volar

19 diciembre 2014

Despliega las alas y se hace el silencio a su alrededor. Es el efecto del viento contra los oídos, que no le deja escuchar más que sus propios pensamientos, si es que alguna vez tuvo uno.

El aleteo constante y armonioso se vuelve frenético cuando quiere romper una nube. Lo hace con la cabeza alta, con ímpetu, y se llena de agua en las plumas porque en esta ciudad no para nunca de llover. Es un pasatiempo que siempre la ha distraído de su verdadero cometido, que no es otro intentar sobrevivir a la caza ilegal.

Hoy está más distraída de la cuenta y no ve al cazador que, apuntando la escopeta hacia ella, sonríe pensando en el festín que se va a dar. Cuando la bala le da en el costado y empieza a caer en picado se pregunta si logrará sobrevivir. Tiene que hacerlo por sus crías, que la esperan en el nido, deseosas de llevarse algo a la boca casi tanto como lo están de aprender de una vez a volar.

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