En diez años

19 noviembre 2014

Llamaban a la puerta con la misma insistencia con que rugían sus tripas y solo se decidió a descolgar el teléfono cuando el agua rompió a hervir. Entonces, el bebé cuyo nombre aún no habían decidido empezó a llorar, provocando que los ladridos de Pantalón y de Uñago fueran aún más atronadores. Sin darse cuenta del estallido en su cerebro que se acompasó al comienzo inesperado de la Mascletà, su corazón comenzó a bombear sangre más rápido de lo normal, haciendo que sus sienes le apretasen un poco más fuerte. A pocos kilómetros de allí, su madre y su hermana comentaban su vida mientras brindaban con la primera cerveza, provocándole un pitido molesto en ambos oídos, y la vecina que tenía solo 15 años y la casa para ella sola subía el volumen de la minicadena para no tener que escuchar la angustia que le gritaba lo sola que estaba.

Por primera vez, Mari Carmen decidió ignorar todas esas alarmas que requerían su atención, su presteza y su aplomo y se desnudó delante del espejo, solo para descubrir con horror que, en el giro de pocos meses, su cuerpo y sobre todo su cara habían sumado 10 años. Entonces, prefirió no haber parado.

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