La promesa de no dejarte morir

7 noviembre 2015

¿Sabes? Tienes razón. Tienes toda, todita la razón. Tú y las otras muchas voces más que insisten en decir que quien algo quiere, algo le cuesta, que el tiempo para lo que uno quiere hacer lo saca de debajo de las piedras, que lo inacabado no es nada, que si quieres, puedes, que qué pena que lo hayas dejado.

Llevo exactamente dos años en Bruselas y hace uno naciste tú, mi pequeño proyecto personal, mi bebé malparío, una eterna ilusión materializada en una carga diaria con sabor a cerveza. No sé si asociarte a este momento de mi vida o a una vida anterior que ni recuerdo haber vivido. Lo que está claro es que estás aquí, has alimentado mi rutina y ahora te siendo abandonado porque me supone sudor y mucho miedo rascarle una hora a la vida para no dejarte morir.

Te hago una promesa ahora, hoy, que es sábado por la noche, que me he lavado el pelo, me he vestido mona, me he puesto pendientes y comprado una botella de vino para ir a una fiesta. Al llegar al portal después de 40 minutos de paseo, me he dado cuenta de que no quería estar allí, sino contigo en casa, renaciéndote, amamantándote, en definitiva rascándole una hora a mi vida para dedicártela a ti y poder prometerte, ahora sí, que no pienso dejarte morir.

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